miércoles, 20 de mayo de 2015

 

        QUE SON LOS DIEZ MANDAMIENTOS

Los Diez mandamientos se han afianzado como el conjunto de reglas religiosas más famoso de todos los tiempos. Los mandamientos datan del acuerdo de Dios con Israel. Como muchos de los israelitas habían comenzado a pecar, Dios estableció un acuerdo con ellos para atraerlos a Su lado mientras estuviesen dedicados a Él. Los Diez mandamientos, entonces, se entregaron a Moisés sobre tablas de piedra de manera tal que todos pudieran verlas, de acuerdo con el Libro del Éxodo.

QUE SIGNIFICA CADA UNO:

1)No tendrás otro Dios fuera de mí: Los ídolos parecen disfrutar de una salud óptima, Dios parecería en cambio suscitar menos fascinación en el hombre moderno. Sin embargo se trata de “ídolos mudos”, que no pueden salvar el corazón del hombre en su más recóndita necesidad de amar y ser amado. ¡Cuántas imitaciones, cuántos falseamientos del verdadero rostro de Dios! Se hace la guerra en nombre de Dios, pero Dios es uno. Si es “uno” no puede estar en conflicto, en perenne conflicto entre generaciones y pueblos.

2)No tomarás el nombre de Dios en vano: De cuántas maneras de insulta a Dios, se blasfema, se altera su verdadera esencia. Es fácil usar el nombre de Dios, doblegándolo a las propias necesidades. Cuántos falsos profetas abusan de los demás, especialmente de los “débiles” en nombre de Dios. Cuántos creyentes se “autosalvan” dando a Dios el nombre “misericordia” olvidando que su nombre es también “verdad” y “justicia”.

3)Santificarás las fiestas:La fiesta, y por tanto el reposo del trabajo, es el espacio ofrecido a la intimidad con Dios. Es tiempo reservado al descubrimiento de uno mismo en relaciones de verdadera fraternidad con los demás. Asistimos a la desnaturalización de esta verdad: la fiesta no alimenta en el hombre la necesidad de Dios, más bien la olvida, haciéndose cada vez más sinónimo de consumismo, de placer, de adquisición y disfrute de los bienes materiales.

4)Honrarás a tu padre y a tu madre: Los hijos nacen de un padre y de una madre, no de donantes de esperma o de úteros prestados en insignia de una nueva ética social. ¡Cuántos hijos huérfanos de paternidad negada o rechazada incluso por las mismas legislaciones humanas! ¿Cómo podrán los hijos honrar a sus padres y a sus madres si estos permanecen “anónimos”? Quien honra al padre y a la madre respeta su propia historia, las memorias familiares que dan identidad social.

5)No matarás:Se puede matar de muchas maneras, no sólo con las armas: matan también la lengua, la ignorancia, el silencio. No matar es también defender la vida. Siempre, no sólo cuando se puede o conviene. La vida: en su inicio, en su desarrollo, en su final. La vida no debe ser mortificada. En tiempos de crisis no se pueden favorecer nuevos asesinos: los suicidios son a menudo hijos de una pobreza provocada o de un bienestar desenfrenado que desaparece de repente.

6)No cometerás actos impuros: Se cometen actos impuros también únicamente por emulación, por una cultura obsesiva que hace de la liberación del sexo uno de los mayores negocios comerciales, precisamente a partir de la devaluación de la dignidad del hombre y de la mujer. Hacer la prostitución más “decente” no la hace menos “explotación del cuerpo”; de lo contrario, tarde o temprano incluso la pedofilia será socialmente compatible con las “necesidades de la modernidad”. Es impuro no conservar la unidad entre cuerpo y espíritu, violentar el espíritu en nombre del bienestar corporal.

7)No robarás:El hurto es una intención mala que está dentro de nosotros. No se trata sólo de “no robar al hombre”, sino también de “no robar el hombre”, es decir, privarlo de su tiempo, de su dignidad, de su futuro, de justicia y de paz. Hay que educar para ser generosos de corazón, experimentando la economía del don, de la gratuidad. La raíz del “no robar” es también el poseer: se roba porque nunca se está satisfecho con lo que se tiene, invadido por el deseo de tener y de acumular.

8)No dirás falso testimonio:También el falso testimonio está dentro de nosotros como mentira, como ablandamiento de la verdad. Una actitud que se hace cultura, que se estabiliza en el hombre como simulación, ficción, verosimilitud de la realidad sustituida por la ficción. Estar de parte de la verdad, defenderla, es un acto de justicia y de amor a uno mismo y a los demás.

9)No desearás la mujer de otro:“La mujer de otro”. Parece un mandamiento al varón. Pero es, hoy, también “el hombre de otro”. La mujer, el hombre, no son una cosa que se desea, que pertenece a alguien como una “cosa”. Cuántos delitos pasionales, cuánta violencia doméstica, cuánta discriminación del género femenino responde a esta lógica deshumanizada.

10)No codiciarás los bienes ajenos:La envidia se encuentra en la base de este y del anterior mandamiento. Es el más “sociable de los vicios”. La modernidad ha exaltado la cultura de la envidia. En las sociedades civiles avanzadas, en Occidente, el presupuesto de la democracia es la igualdad: “yo debo tener los mismos derechos que los demás”. Pero esto no significa sufrir “el complejo de ser idénticos”, es decir, de poseer las mismas cosas que los demás, haciéndose esclavo de las cosas, o empobreciéndose, endeudándose, enfermándose por aquello que se envida y no se puede poseer.

 ¿ QUE ES LA LEY DE DIOS?

 Los grandes principios de la ley de Dios están incorporados en los Diez Manda­mientos y ejemplificados en la vida de Cristo. Expresan el amor, la voluntad y el propósito de Dios con respecto a la conducta y a las relaciones humanas, y son obligatorios para todas las personas en todas las épocas. Estos preceptos constituyen la base del pacto de Dios con su pueblo y son la norma del juicio divino. Por medio de la obra del Espíritu Santo, señalan el pecado y despiertan el sentido de la necesidad de un Salvador. La salvación es totalmente por la gracia y no por las obras, pero su fruto es la obediencia a los mandamientos. Esta obediencia desarrolla el carácter cristiano y da como resultado una sensación de bienestar. Es una evidencia de nuestro amoral Señor y de nuestra preocupación por nuestros semejantes. La obediencia por fe demuestra el poder de Cristo para transformar vidas y, por lo tanto, fortalece el testimonio cristiano (Éxodo 20:1-17; Salmo 40:7,8; Mateo 22:36-40; Deuteronomio 28:1-14; Mateo 5:17-20; Hebreos 8:8-10; Juan 15:7-10; Efesios 2:8-10; 1 Juan 5:3; Romanos 8:3,4; Salmo 19:7-14).
TODAS LAS MIRADAS ESTABAN FIJAS EN LA MONTAÑA. Ante La cumbre se hallaba cubierta de una espesa nube que se hacía cada vez más oscura, y se exten­día hacia abajo hasta que todo el monte estuvo velado en el misterio. En la oscuri­dad brillaban los relámpagos, mientras que el trueno retumbaba una y otra vez.
"Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego, y el humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía en gran manera. El sonido de la bocina iba aumentando en extremo" (Éxodo 19:18, 19). Tan poderosa era esta majestuosa revelación de la presencia de Dios, que todo Israel temblaba.
De pronto cesaron los truenos y el sonido de la trompeta, y el silencio se hizo pavoroso. Entonces Dios habló desde la espesa oscuridad que velaba su presencia en la cumbre de la montaña. Movido por un profundo amor hacia su pueblo, proclamó los Diez Mandamientos. Dijo Moisés: "Jehová vino del Sinaí... de entre diez millares se santos, con la ley de fuego a su mano derecha. Aún amó a su pueblo; todos los consagrados a él estaban en su mano; por tanto, ellos siguieron en tus pasos, recibiendo dirección de ti" (Deuteronomio 33:2, 3).
Cuando Dios dio la ley en el Sinaí, no solo se reveló a sí mismo como la majestuo­sa autoridad suprema del universo. También se describió como el Redentor de su pueblo (Éxodo 20:2). Porque es el Salvador, llamó no solo a Israel sino a toda la huma­nidad (Eclesiastés 12:13) a obedecer diez breves, abarcantes y autoritativos preceptos que cubren los deberes de los seres humanos para con Dios y para con sus semejantes.
Y Dios dijo:
No tendrás dioses ajenos delante de mí.
No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.
No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano, porque no dará por ino­cente Jehová al que tomare su nombre en vano.
Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.
Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.
No matarás.
No cometerás adulterio.
No hurtarás.
No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.
No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo

 lo que pienso hacer de la ley de Dios:

nosotros como creyentes deberiamos de piner en practica los mandamientos en nuestro hogar familia y nuestra comunidad pero en vez de hacerlo cometemos todo en contra de ellos a veces nos damos cuenta o lo hacemos sin pensar, y eso deberiamos actuar mas y pensar antes de solamente ir a pedirle a el favores sin dar resultados con lo que el nos dejo escrito en la sagrada biblia.








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